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LA HISTORIA DE LA SERPIENTE ENVIDIOSA


Una serpiente estaba persiguiendo a una luciérnaga. Cuando estaba a punto de comérsela, ésta le dijo: <<¿Puedo hacerte una pregunta?>> La serpiente respondió: <<En realidad nunca contesto preguntas de mis víctimas, pero por ser tú te lo voy a permitir.>> Entonces la luciérnaga preguntó: <<¿Yo te he hecho algo?>> <<No>>, respondió la serpiente. <<¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?>>, preguntó la luciérnaga. <<No>>, volvió a responder la serpiente. <<Entonces, ¿por qué me quieres comer?>>, inquirió el insecto. <<Porque no soporto verte brillar>>, respondió la serpiente

NUESTRO TIEMPO DE VIDA


Al final todo se resuelve a la concepción de uno mismo, a la idea determinante que uno tiene de sí mismo y de las cosas que debería haber logrado y experimentado para poder estar de acuerdo con la vida que hemos vivido; si es así, el miedo a la muerte podría describirse como el miedo a no haber sido capaz de convertirse en quien teníamos planeado ser. Cuando sabemos con certeza que jamás nos convertiremos en quienes queríamos, de repente, no sabemos cómo vivir el 
tiempo que ya nunca será parte de nuestras vidas.

(reflexión de la película Tren de noche a Lisboa

LA FELICIDAD

La felicidad consiste sencillamente en un 
estado de armonía, equilibrio, comprensión...


Estriba en la certeza de saber que aún cuando un día
me llegara a faltar todo, jamás yo me faltaré a mí mismo.

IMPRESCINDIBLES

Hay personas que luchan un día y son buenas.
Hay otras que luchan un año y son mejores. Pero las
hay que luchan toda la vida; esas son imprescindibles.

¿TRANQUILO Y SILENCIOSO?

A menudo, las personas tranquilas y silenciosas
son las que tienen las mentes más fuertes y ruidosas.
Stephen Hawking

El culpable

(...) Personalmente, siempre tiendo a guardarme las espaldas, me repatea la idea de pensar que alguien, en algún momento pueda soltarme un: -con lo que yo hice por ti. CON LO QUE YO HICE POR TI- con ánimo de hacerme sentir culpable, avergonzada o sencillamente desagradecida.
-¡Lo hiciste porque te dio la gana. No te puse una pistola en la cabeza para que lo hicieras!- gritaría yo llegado el caso. 
Porque, al final, la mayoría de las concesiones son un sútil chantaje. Alguien hace algo por ti, alguien sacrifica algo por ti, con la esperanza intrínseca y susurrante de que, tarde o temprano, tú sacrifiques algo por él/ella. Pero esto nunca lo admitirían.
La mayoría de las personas son incapaces de hacer frente y responsabilizarse de haber efectuado una concesión fatal para sus vidas. Con soltar un resentido -¡Por TU culpa! ¡Por SU culpa!- se limpian la conciencia. Pero quien tiene cojones siempre sabe que el culpable es quien elige, quien decide.